La mano tiene a una paloma, aún viva. ¿Es sometimiento? ¿Es la intención de vencer al otro?
La imagen se basa en un grabado del Taller de la Gráfica Popular, de una época en la que reconozco a un México con un proyecto de nación vigente. La lucha popular seguía en tensión y el poder como tal se encontraba aún en tránsito.
Me parece una época clave para la expresión gráfica de nuestro país, pues al ser tan representativa de la izquierda, termina anulada, aplastada para que se olvide.
La retomo no por ser de izquierda o derecha, la retomo más por lo que representa: es fuerza burda, tallada, grabada, dura. En contraste con “el otro”, el sometido que parece frágil, con posibilidad de morir, con esperanza no de ser libre, sino de ocupar el puesto de la mano dura. “Luego me toca a mí, ¿sale?”
Buscando esta ancla para poder crear algo, la referencia a la palabra “poder” (en la RAE) dice: “Tener expedita la facultad o potencia de hacer algo. Capaz de vencerlo.” Por otra parte, “capaz” es definido así:
• Que tiene ámbito o espacio
• Suficiente para recibir o contener en sí otra cosa
• Grande o espacioso
• Que puede realizar, se atreve a algo
• Apto para ejercer “personalmente” un derecho y el cumplimiento de una obligación
Me parece que en México más que ejercerse el poder, se ejerce la capacidad y, aunque pareciera lo mismo, para mí contiene una diferencia enorme. El poder como dilema filosófico, como un gran todo frente a ser capaz, que es solo una parte o partes que en su conjunto están contenidas en sí mismo.
Al generar la imagen de esa mano con la paloma en ella, imagen por más trillada y común pero que de cualquier manera es atemporal. La mano tiene a esa paloma inmóvil, aún viva.
La mano dice: “Soy capaz de tenerte jodido otra vez, de mantenerte sometido, de mantenerte con un puesto, de pretender escucharte, ver vencerte.
Estoy facultado por ti para ejercer todas mis capacidades mientras hago como si me importaras.
El poder está en mi mano y soy capaz de apretar el puño siempre considerando no matarte. Si lo hago, si acabo contigo, entonces ¿con quién más yo sería capaz?”
CAMINO CONFUSO Y SIN DIÁLOGO
Hoy veo a México lleno de esta capacidad burocrática para autodefinirse con capacidades complejas que logran alejar a cualquiera de un encuentro. No aquellos tecnócratas. El camino es confuso, difícil, lleno de recovecos que solo un experto en aquellos páramos puede sortear. No hay posibilidad de diálogo. Los tecnócratas han creado un mundo paralelo para ellos mismos, en el que su moral no tiene nada que ver con la de los ciudadanos. No solo eso, han transferido las responsabilidades a los demás para que esa diferencia sea aún más compleja, más difícil. Mi abuelo, que fue senador de la República, decía: “Hay dos tipos de mexicanos: los que hacen las leyes y los que las siguen. Yo soy de los que las hacen.” Sin tapujos puedo decir que, aunque no estoy de acuerdo con él, sí es una expresión que apuntaló a la clase política. Es un principio que, al tener falta de criterio, de proyecto, de liderazgo, logró establecerse y expresarse en estas capacidades.
La muestra está en la propia constitución, que ahora parece un manual de procedimientos que justifica y procura las capacidades de aquellos que trabajan en el servicio público. El propósito se ha perdido y quedó cubierto de “capacidades” muy bien entendidas para sí mismos.
Podría diferir en la frase de N. Maquiavelo que establece: “... un príncipe que quiere conservar el poder es a menudo forzado a no ser bueno...”
Dado que no es el deseo de la conservación del poder, es el poder el que corrompe. Lord Acton así lo define y no solo eso: el poder absoluto corrompe absolutamente.
Lo curioso es que el poder tiene expresiones más grandes, de conquista, de dominio, de poder establecer fronteras más amplias, de capacidades para someter al otro.
En México, el poder se redefine con estas capacidades a medias. No conquista, permite un ejercicio que se autogestiona, crece como fractal y no como fuerza de un solo impacto, una sola definición.
A lo mejor nos hace falta realmente asumirnos en esa fuerza que como la humedad crece por todos lados, invade y deja crecer hongos. Ahí bajo otras reglas que al parecer no logramos ver por estar en otro lugar.